Encuesta sobre la situación de la profesión médica en España, prevención de rebrotes, efectos de la inmunidad y protección por linfocitos, estado del desarrollo de vacunas y efecto de la Covid-19 en la lactancia materna

26.06.2020

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La encuesta la Organización Médica Colegial realizada justo antes de la pandemia revela que la mayoría de los médicos estaban “cansados emocionalmente”

Cuando la crisis sanitaria golpeó de lleno España la Organización Médica Colegial (OMC) estaba a punto de presentar una encuesta sobre las condiciones de trabajo de la profesión. Ahora se ha conocido que la mayoría de los médicos españoles estaban por entonces “cansados emocionalmente” por su trabajo y que más de un tercio se declaraba “insatisfecho”, sobre todo debido a la carga asistencial que tenían que soportar. La OMC quiere repetir pronto la encuesta para saber cómo ha afectado a todos estos datos la epidemia del coronavirus. “Si ya estaban cansados, es de prever que se hayan quedado completamente exhaustos”, subraya Vicente Matas, coordinador del trabajo.

El 43,6% de los casi 20.000 médicos preguntados declara haber tenido problemas de conciliación de la vida laboral y personal. Otra conclusión es la alta tasa de temporalidad del sistema sanitario español, que afecta a más del 36% de los facultativos de su plantilla. Más del 55% de ellos llevan por encima de seis años sin conseguir una plaza mediante concurso oposición. Asimismo, se observa un incremento del paro sumergido: el 45,8% de los encuestados que no disponen de una plaza fija y se encuentran en desempleo no están apuntados al paro. Esto se puede deber, según Matas, a que están en bolsas de trabajo de los sistemas autonómicos y no consideran necesario registrarse en las oficinas de empleo.

“Ahora la ciudadanía va a exigir cambios. Ahí están los aplausos, porque ha visto con sus propios ojos cómo estaban desbordados, la falta de protección con la que se han tenido que enfrentar a la pandemia; y ha quedado en evidencia que el sistema sanitario no está suficientemente financiado, que es lo que está detrás de todo esto”.

Prevención de rebrotes gracias a las “intervenciones no farmacológicas”

En un artículo publicado en Nature Human Behavior, de un equipo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), se señala que “con la puesta en marcha de las denominadas intervenciones no farmacológicas se puede reducir hasta un 30% la transmisión del virus”. Dentro de la investigación se aborda más específicamente cómo ha impactado el confinamiento y la desescalada gradual de España (con la salvedad que solo contempla hasta el mes de mayo). “Los 14 días de aislamiento primeros, más duros tuvieron un impacto muy significativo en el freno de la transmisión”, explica Xavier Rodó, autor del trabajo.

“Podríamos decir que se ha hecho ‘medianamente regular’ porque observamos que mucha gente se pone la mascarilla y guarda las distancias en el trabajo, y se relaja cuando comparte tiempo de ocio con amigos y familiares”. Se insiste en que mantenimiento de las medidas de protección debe efectuarse en todas las esferas. Otro de los problemas es el peligro que suponen las personas que pasan de forma leve o sin síntomas la infección por SARS-CoV-2. Este grupo de transmisores silenciosos llegan a ser hasta un 40% de los nuevos casos, como ha apuntado Sanidad en las últimas semanas.

Los rebrotes ponen en riesgo mantener la tasa de transmisión por debajo de 1, lo que supone contar de nuevo con la multiplicación de los casos. Y no solo se traduce en contagios, sino en hospitalizaciones. El 22 de junio los datos de la pandemia registraron un aumento del 60% de ingresos, unos 150, los mismos que al inicio de junio.

Ante la eficacia de los experimentos iniciados en Valencia y otras ciudades, el Ministerio para la Transición Ecológica ha encargado al grupo público Tragsa la realización urgente de análisis para “el control de la presencia de contaminación microbiológica en las aguas continentales, en particular en las residuales urbanas y en zonas de baño, con el fin de identificar la presencia del virus SARS-CoV-2”.

El trabajo parte de las investigaciones ya realizadas que muestran “cómo una concentración del virus en el agua residual antes de su tratamiento puede ser un indicador importante de posibles rebrotes de la enfermedad”. Aunque no hay evidencias de que el virus mantenga su capacidad de infección en aguas ya tratadas, el pliego de encargo a Tragsa considera necesario “el análisis del uso del agua regenerada en aquellos municipios con tratamientos de depuración insuficientes o en tramos de ríos, lagos o embalses susceptibles de usarse para el baño”.

Estudios científicos aseguran que la inmunidad al Covid-19 no tendría efecto a largo plazo

Según un estudio de la Universidad de Medicina de Chongqing el nivel de anticuerpos de la gran mayoría de un grupo analizado de contagiados disminuyó significativamente dos o tres meses después de la infección. El estudio comparó los resultados de la detección de anticuerpos en sangre de pacientes asintomáticos y de casos confirmados con síntomas. Concluye que las infecciones asintomáticas muestran niveles de anticuerpos más bajos que los casos confirmados, aunque son similares en ambos grupos. 

Además, el nivel de anticuerpos de la gran mayoría de las personas infectadas mostró una disminución significativa dos o tres meses después de la infección. Los niveles de anticuerpos IgG en el 93,3% del grupo asintomático y en el 96,8% del grupo sintomático comenzaron a disminuir temprano en el período de rehabilitación, 8 semanas después del alta. La OMS publicó un informe científico el pasado 24 de abril en el que aseguraba que no hay «ninguna evidencia» que pueda probar que los anticuerpos producidos tras la infección por coronavirus puedan proteger al cuerpo de una segunda infección. 

Akiko Iwasaki, inmunólogo de la Universidad de Yale (EEUU), ha resaltado que el principio de las vacunas es permitir que se produzcan anticuerpos neutralizantes para defenderse contra el virus y que, si los anticuerpos producidos por infecciones naturales son débiles y a corto plazo, la vacuna puede necesitar ser «más fuerte» que el virus, lo que causaría dificultades en su desarrollo.

Protección basada en linfocitos: varios estudios muestran que los pacientes que superan la infección estarían protegidos a pesar de no tener anticuerpos detectables

Marcos López Hoyos, presidente de la Sociedad Española de Inmunología,  recuerda que  “los estudios realizados hasta el momento se centran en una sola parte de la inmunidad, la dependiente de anticuerpos” y hay otra gran clase de inmunidad que puede ser más efectiva: la basada linfocitos. Uno de los estudios más grandes y completos realizados sobre este tema ofrece resultados muy esperanzadores: el 100% de los infectados desarrolla una respuesta inmune celular basada en linfocitos. 

El trabajo, aún preliminar, ha sido realizado por médicos del Hospital Universitario de Tubinga (Alemania) con 180 infectados y 185 personas sanas no expuestas al virus. Lo más interesante es que en parte de los infectados no se detectaron rastros de anticuerpos: si se les hubiera hecho un test convencional les habrían contado como no infectados, pero en realidad son personas que han pasado la enfermedad y que además tiene linfocitos de memoria que les deberían proteger de nuevas infecciones.

Otro de los resultados muestran que hasta un 80% de personas no infectadas tenía linfocitos de memoria capaces de identificar al nuevo coronavirus SARS-CoV-2. Los científicos creen que se trata de un caso de inmunidad cruzada. Estas personas probablemente se infectaron con otros cuatro coronavirus humanos —HCoV-229E, HCoV- NL63, HCoV-OC43— que solo producen síntomas de resfriados. Estos coronavirus comparten algunas proteínas con el SARS-CoV-2 de modo que los linfocitos de memoria generados contra los coronavirus menos virulentos pueden unirse al nuevo virus. Ahora la pregunta es si esos linfocitos son capaces de neutralizar al virus. 

Tres vacunas anti-covid entran en la recta final: reto de fabricación a escala global

Según los últimos datos de la OMS, 13 de las candidatas se encuentran en ensayos clínicos y el resto experimentando en laboratorio con modelos animales. En estos momentos, la más aventajada es la de Reino Unido (investigada por la farmacéutica AstraZeneca en colaboración con la Universidad de Oxford), que se probará en unos días con más de 10.000 voluntarios, incluidos menores de edad y mayores de 55 años. 

En el segundo lugar se sitúa el inyectable chino, de la empresa CanSino Biologics y la Academia Militar de Ciencias Médicas del Ejército de Liberación. Se basa en el vector adenoviral, es decir, un virus modificado que hace de vehículo para introducir en el organismo el material genético del coronavirus. Se trata de una fórmula de nueva generación que sólo incluye antígenos específicos sin patógenos, por lo que se considera más segura que las técnicas tradicionales. Al igual que la china, la británica también utiliza como vector un adenovirus para producir la proteína Spike, pero obtenido de chimpancés. 

Por detrás está la compañía estadounidense Moderna Therapeutic (con los Institutos Nacionales de Salud NIAID), que ha sido la más rápida en iniciar las pruebas en humanos. Esta opción usa la tecnología ARN mensajero (ARNm). Aún no existe ninguna vacuna aprobada con esta fórmula.

El logro de una vacuna capaz de frenar esta epidemia requiere salvar el escollo de su fabricación industrial a escala global. Adolfo García Sastre, codirector del Global Health & Emerging Pathogens Institute y de la Escuela de Medicina del Monte Sinaí en Nueva York, apuesta por un «acuerdo a nivel internacional para realizar la transferencia técnica. Es decir, que se conozca el tipo de tecnología para que todos los países puedan producirla». La OMS está trabajando con los países miembros para preparar los protocolos en los que se establezca cómo compartir la vacuna. 

La OMS recomienda la lactancia en madres infectadas porque el coronavirus es una amenaza «menor» para los bebés

Así lo establece en el documento Lactancia Materna y Covid-19 y en el en que se realiza un repaso por los estudios realizados hasta ahora sobre las mujeres con coronavirus que están en periodo de lactancia, una práctica que el organismo recomienda de forma exclusiva durante los primeros seis meses de vida y complementaria a la alimentación hasta los dos años. 

Se ha comprobado que la mayoría de los niños no contrae la infección a través de la lactancia y, de los pocos que dieron positivo de Covid-19, no se ha podido demostrar la vía de transmisión de la enfermedad. «Los niños tienen un bajo riesgo de contraer la Covid-19 y, entre los casos confirmados, la mayoría ha padecido la enfermedad de forma leve o asintomática, lo mismo que ocurre con otros coronavirus como el MERS o el SARS-CoV».

Por otra parte, una investigación médica, pendiente aún de evaluación, habría encontrado evidencia de una significativa respuesta inmune al virus en la leche materna de las mujeres recuperadas de la Covid-19.

Durante la semana también han destacado otros temas de interés en las redes sociales. Aquí hay algunos que se han compartido en Twitter:

¡Buen fin de semana!

Teresa González

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